inicio
 Líder en Prensa local de Madrid |  Lunes, 20 de noviembre de 2017
Recordarme   Entrar
    Lo olvidé   |   Registrarse
01/02/2010 - Marina Osuna Preparar para imprimir   Bookmark and Share
Votar:  
Resultado: 0 puntos0 puntos0 puntos0 puntos0 puntos   0 votos
Reconvertidas en restaurante, Las Cuevas fueron la guarida del bandido más querido de Madrid.
Las Cuevas de Luis Candelas

Bajo el Arco de Cuchilleros se encuentra uno de los lugares más típicos y románticos de Madrid, morada y guarida del ladrón con más leyenda de la ciudad -en la época del chicoleo de las majas y los chisperos- y hoy reconvertido en uno de los restaurantes con más tradición: las Cuevas de Luis Candelas.

Ladrón profesional, de estatura regular, pelo negro, sin redecilla, ojos al pelo, boca grande y mandíbula prominente, bien formado y recio, sin bigote ni patillas. Esa es la descripción que constaba en la ficha policial de Luis Candelas Cagigal. Nacido el 14 de marzo de 1806 en la calle del Calvario, las andanzas de este señor de día y bandido de noche hicieron de él un personaje de novela y de su vida una gran aventura. 

Siendo un niño, y tras el fallecimiento de su padre que le dejó huérfano, comenzó a cometer pequeños hurtos. Pronto, su ingenio le llevó a planear fechorías de mayor envergadura, pero todas quedaban impunes, pues sabía como nadie burlar a la justicia. En una taberna de la calle Imperial tuvo uno de sus cuarteles generales y en la calle Tudescos, alejada de la zona de mayor peligro, poseía una casa con salida por el callejón, que utilizaba como tapadera para llevar una doble vida: la de don Luis Álvarez Cobos y el bandido Candelas. Pero su guarida más conocida fue, sin duda, las famosas cuevas junto al Arco de Cuchilleros. En ellas se escondía y se reunía también con su cuadrilla para preparar sus golpes, pues contaban estas con muchas salidas al exterior que servían para despistar a sus perseguidores. Tras una boda y un exilio fugaz a Zamora, regresó a Madrid, donde fue apresado y ajusticiado a los 28 años de edad. Sus últimas palabras: "Sé feliz, patria mía", las hizo realidad el torero Félix Colomo Díaz, que en 1949 convertía el antiguo escondite del bandido en restaurante. Un lugar que llena de felicidad los estómagos de todos aquellos que prueban su exquisita oferta gastronómica.

© Gestor de contenidos Gestor de contenidos HagaClic