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03/09/2010 - Marina Osuna Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Botijo en mano, amas de casa, criadas y aguadores se daban cita en torno a sus surtidores.
La Fuentecilla

Si el agua de la Fuente del Berro era conocida por sus propiedades curativas, la que llevaba a gala ser considerada la mejor de Madrid no era otra que el agua de La Fuentecilla. El tan preciado líquido emanaba del monumento levantado en honor a Fernando VII, ubicado en una pequeña plaza entre la desembocadura de las calles Toledo y Arganzuela. Fue construido a principios del siglo XIX y, aunque algunos lo consideraron un “monumento pesado y de mal gusto”, su agua se popularizó enseguida por toda la ciudad, con la ayuda de una copla que no tardó en extenderse por la Villa. Quizás no fuera el rincón más bonito de Madrid, pero sí uno de los más castizos y escenario de encuentros amorosos y amistosos entre criadas, aguadores y modestas amas de casa. Un marco ideal para ambientar zarzuelas y revistas musicales.

Algunos dicen que La Fuentecilla heredó su nombre del caño anterior que había en el mismo sitio. Las obras de su construcción fueron encomendadas a Alfonso Rodríguez, arquitecto de la Casa Real, que utilizó como materiales los sillares y elementos de la desaparecida Fuente de la Abundancia (siglo XVII), ubicada en la Plaza de la Cebada. La colosal fuente está compuesta por una pilastra de cuatro caras adornadas con diferentes ornamentos. Sus lados meridional y septentrional están presididos por blasones relacionados con la villa, mientras que en la cara occidental aparece una placa de piedra, donde se recoge una inscripción dedicada a Fernando VII ‘El Deseado’. La parte superior de la fuente, de menor anchura, está conformada por un cubo de piedra, cuyos lados están recorridos por las siete estrellas del escudo de Madrid. Sobre el citado cubo se ubica un segundo grupo escultórico, donde se representa a un león (simbolizando a la monarquía española), erguido sobre dos hemisferios terrestres (en referencia a los antiguos dominios del Imperio español). El pilón permanece encajado en la base, a través de tres de sus cuatro lados. La fuente sigue siendo en la actualidad uno de los monumentos con más historia del barrio, pero sólo los mayores recuerdan ya la fama que tuvo.









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