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31/05/2010 - Marina Osuna Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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Carlos IV mandó construir la actual ermita.
La ermita de San Antonio

Todos los 13 de junio, los madrileños celebran por todo lo alto una de las romerías más castizas y con mayor tradición de la capital. Fiestas en honor a San Antonio, que las solteras aprovechan para pedirle al famoso santo casamentero un amor sincero. Siguiendo la tradición de las antiguas modistillas, las madrileñas acuden a la ermita a poner la mano sobre una pila bautismal llena de alfileres. El número de estos que, al levantar la palma, permanezcan prendidos se corresponde, según el rito, con el número de pretendientes que tendrá la mujer en un año. La ermita de San Antonio de la Florida fue construida en 1720 por José Churriguera y derribada en 1768. Dos años después, Carlos III ordena la construcción de una nueva, esta vez derribada por Carlos IV. El monarca había adquirido el Palacio de la Florida dentro de la cual se levantó (en 1798) la nueva ermita que, desde ese momento, adquiere su nombre actual. Fontana la diseñó de estilo neoclásico sobre planta de cruz griega, pero es famosa sobre todo por su bóveda, decorada con pinturas de Goya. El genio aragonés ha contribuido así a la fama internacional de este pequeño templo en el que, además, descansa para siempre desde 1919. Y descansa incompleto pues, al parecer, el cráneo del pintor permanece en paradero desconocido. La leyenda romántica cuenta que su cabeza se halla junto al pie izquierdo de la duquesa de Alba. ¿Se encargó alguien de unir los fragmentos? Otra de las hipótesis apunta a la frenología. Así, Goya podría haber dado su consentimiento al doctor Lafargue para cortar su cabeza y analizarla. Sin embargo, el cuadro El cráneo de Goya, de Dionisio Fierro, señala un devenir diferente. La viuda de este pintor asegura que la insigne calavera, tras años en el despacho de su marido, pasó a manos de su hijo. Un estudiante de medicina que la utilizó en una prueba tras la cual quedó hecha pedazos. Leyendas aparte, en 1929 se construía una capilla gemela anexa a la ermita, quedando la antigua dedicada a museo y panteón.

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