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23/02/2015 - Alejandro Melgares de Aguilar Preparar para imprimir   Bookmark and Share
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El ISIS decapita a 21 cristianos egipcios secuestrados en Libia.
Momento de un video en el que el ISIS quema vivo a un rehén jordano.
Exterminio de cristianos a "niveles abismales" en todo el mundo
EL DISTRITO aborda este problema con Plàcid García-Planas, periodista de La Vanguardia, Olatz Cacho de la ONG Amnistía Internacional y Manuel González, Capellán Nacional de 'Ayuda a la Iglesia Necesitada'

A consecuencia de profesar su fe, miles de cristianos fueron perseguidos por el Imperio Romano y eran torturados hasta su muerte. San Ignacio de Antioquía fue condenado a ser comido por leones del Coliseo, San Hipólito desgarrado por unos caballos y San Lorenzo agonizó asado en el año 258. En el siglo XXI la historia se repite pero con musulmanes en la provincia occidental iraquí de Al Anbar. Este mes de febrero el grupo Estado Islámico (ISIS), grupo de Al Qaeda que siembra el terror en Iraq, ha quemado vivos allí a más de 40 residentes de la zona de Al Bagdadiya. La mayoría de ellos suníes, grupo mayoritario de la comunidad islámica mundial. A esta tortura atroz se une la perpetrada por el mismo grupo con 21 cristianos coptos que decapitaron en la costa de Libia.

Son muchas las noticias que nos llegan de estas persecuciones, pero no todas, algo que bien sabe el periodista de La Vanguardia, Plàcid García-Planas, que la pasada Navidad elaboró un reportaje relacionado con este asunto en Erbil (Iraq). En su opinión, “lo de los cristianos allí no es una crisis de refugiados más. Con su expulsión de la llanura de Nínive acaba una historia de 5.000 años. 2.000 como cristianos y 5.000 como asirios”. Esta desaparición le recordó a cuando vio la última comunidad judía de Basora, “el final de casi 3.000 años de cultura judía en Mesopotamia” y la expulsión de los serbios de Prizren, en Kosovo, “el final de 1.000 años de historia”.
Exterminación a “niveles abismales”
Durante cinco años, Plàcid ha contemplado con sus ojos el horror de las guerras yugoslavas, pero lo del Estado Islámico en su opinión “es más bestia, tiene muchísimas más implicaciones y va a durar muchísimo más”. El periodista lo define como “una guerra global” en la que la exterminación de cristianos se ha elevado “hasta unos niveles abismales, vacían de cristianos el Antiguo Testamento”.
 
A García-Planas le resultó relativamente sencillo llevar a cabo su trabajo en Erbil, porque no hay guerra y los cristianos están concentrados en un barrio y lo que más le sorprendió fue verles escenificar el Nacimiento en sus tiendas de campaña. A pesar de la tranquilidad aparente, Plàcid reconoce que actualmente no existen guerras más peligrosas para los periodistas como lo son en Iraq y Siria. “Allí, el dolor no tiene quien lo narre. No soy de los que subliman el oficio, pero este vacío me parece tremendo”, así se refiere a los periodistas asesinados por el ISIS.
Crímenes documentados
La persecución cristiana se extiende hasta Egipto y la ONG Amnistía Internacional’ sabe mucho de ello. Allí dispone de un equipo de investigación que en agosto de 2013 ya elaboró un informe en el que advertían la inacción del Estado. Lo “hemos documentado durante décadas bajo el mandato de anteriores presidentes como Hosni Mubarak y Mohammed Mursi”, asevera Olatz Cacho, responsable del Área de Países de la ONG.
Desde el mandato de Mursi en julio de 2013, los ataques contra cristianos coptos dejan el balance de la destrucción de más de 40 iglesias, más de 200 propiedades, monumentos y varios fallecidos sin cuantificar. La comunidad cristiana se sienten perseguida, “necesitan hasta decretos presidenciales para construir iglesias”, denuncia Olatz. Afortunadamente, Egipto toma conciencia y ha proclamado siete días de duelo nacional por los 21 coptos degollados en Libia. Además, el nuevo presidente Abdelfatah Al-Sisi ha ordenado personalmente la construcción, a cargo del Estado, de una iglesia dedicada a los mártires de Libia en la ciudad de Al Minya, cuando en esa ciudad varias iglesias fueron derribadas por islamistas en agosto de 2013.
El crimen de Libia  constituye “un crimen de guerra para población civil” apunta Olatz. Y es que la situación allí es complicada, milicias armadas y dos gobiernos enfrentados hacen que se incrementen los ataques a minorías religiosas. En Amnistía tienen documentados muchos casos de secuestros y homicidios de cristianos, “bastante normal entre los grupos armados islamistas y parece que llueve sobre mojado”, expone la responsable de la ONG. En este sentido, existen muchas desapariciones, por ejemplo las de siete coptos entre Misrata y Cirte en agosto de 2014 y al mes siguiente otros seis que intentaban regresar a Egipto. El objetivo de Amnistía es claro, denunciar y que la comunidad internacional se fije en todos ellos.
Vivir la religión “con presión y miedo”
“Son muchos los países en los que hay personas que por ir a misa un domingo pierden el trabajo”. Así lo advierte el Capellán Nacional de ‘Ayuda a la Iglesia Necesitada’, Manuel González. Su objetivo es que no se olvide la persecución de los cristianos desde tres pilares fundamentales: información, oración y compromiso. Manuel ha viajado a pueblos de Egipto donde ha visto a monjas católicas italianas en el Nilo atendiendo a musulmanes, aunque por el contrario “he encontrado poblaciones de coptos católicos que no tenían asfaltado”. Estos ciudadanos de segunda clase viven su religión “con presión y miedo a costa de su vida”, entiende González, quien añade que una manera de apoyarles es “buscar a otros cristianos allá donde viajamos, Jordania, Egipto, interesarnos como viven y no simplemente ir de turistas”.
El arzobispo de Mosul, Amel Nona, a quien pudo conocer recientemente Manuel, “me ha hecho tomar conciencia de la situación”, porque el Estado Islámico ha expulsado de sus hogares a 120.000 cristianos de Iraq que se han visto obligados a refugiarse en Kurdistán. Este panorama desolador, que se extiende en menor medida a China y otras partes del mundo, refuerza a las comunidades cristianas que resisten con la ilusión y esperanza de poder vivir su fe en libertad.

 









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